LA DIGNIDAD NO SE NEGOCIA
La FELAP, nacida hace 50 años, expresa a través de su declaración de principios y de su práctica política, social, cultural y profesional una clara identidad de clase al proponer y sostener desde 1976 hasta aquí un permanente combate por cambiar las relaciones de poder al reclamar, o exigir, más que un conjunto de reivindicaciones sectoriales, una justa distribución de la riqueza. Eso en esencia.
Y para ello sus planteos fundamentales son inequívocos: la libertad de expresión existe sólo para el poder, propietario de los medios que exponen su superioridad de información, difusión y formación a través de soportes tecnológicos inalcanzables económicamente para las grandes mayorías. De ahí que la FELAP sostenga que “no hay democracia informativa, sin democracia económica”.
Entre muchas consignas y medidas de fuerza en distintos países la FELAP lucha, además, por su vigencia a pesar de las hostilidades que soporta cuando se hace escuchar: “En la lucha de ideas, las ideas que no se conocen no luchan”, ese es uno de los tantos desafíos para no ser sepultureros de nuestras propias ideas y palabras en una confrontación notoriamente desigual. Mientras, la corporación periodística, no toda, se ofusca cuando la FELAP afirma que “La profesión parece debatirse entre su razón de ser y el final de un modelo periodístico globalizado, al cabo subproducto funcional a la industria del entretenimiento, supuestamente apolítica e ideológicamente, también supuestamente, neutra”.
Hoy lo importante es ser solidarios con la UPEC.
¡Viva Cuba, carajo!