El fin de la era del papel en dos de los diarios de mayor circulación en Puerto Rico –uno de ellos considerado el periódico de récord, con 56 años de fundación- ha generado muchas interrogantes sobre el rumbo que toma el periodismo en esta isla antillana y caribeña, colonia hace 128 años de los Estados Unidos.
La tecnología, los sistemas de inteligencia artificial y el algoritmo les pasan un rolo avasallador a nuestras más aguerridas plumas, a los periodistas más experimentados del país y a cientos de trabajadores diestros en el mejor oficio del mundo, como lo catalogó el maestro de las letras, Gabriel García Márquez. Pero, la digitalización de la información no puede ser a costa de la exclusión ni del despido de periodistas.
En esta ecuación las poblaciones más vulnerables son las más impactadas: los adultos mayores con poco o ningún conocimiento en el manejo de los productos de la internet, la ciudadanía con impedimentos físicos y la gente pobre, que por razones de desigualdad económica no puede acceder a plataformas cibernéticas. A muchos de estos se los pueden tragar las redes sociales y los influencers con informaciones incompletas, manipuladas y hasta falsas (bulos)…
¿Dónde queda el desarrollo del pensamiento crítico en un periodismo con reducidas plantillas y menguados recursos para cuestionar, investigar y fiscalizar en un país en quiebra cuyas decisiones las toma una Junta de Control Fiscal nombrada desde Washington?
¿Cómo el fin del papel afecta el desarrollo de una carrera periodística cuando el alto costo de vida obliga a colegas a tener más de un empleo para sobrevivir? Otro asunto a considerar es el impacto que tiene esta transición en nuestros periodistas en formación, en las escuelas de comunicación.
El emporio GFR Media, que publicaba hasta este fin de semana del 26 al 28 de septiembre de 2026, ambos periódicos en papel -El Nuevo Día y Primera Hora-, anunció el cambio total a la era digital con bombos y platillos, pero la decisión empresarial ha generado críticas e incertidumbre por el impacto que tiene en el país, en la lectoría y por el desplazamiento de más de 150 trabajadores, entre ellos, una docena de colegas periodistas, así como, editores, prensistas, mecánicos y técnicos de fotomecánica. Esto, sin contar el impacto colateral en porteadores, distribuidores, entre otros empleos indirectos. En los últimos cinco a diez años ya la empresa venía acortando las salas de redacción, dejando fuera a los periodistas y fotoperiodistas de mayor veteranía.
El efecto en cadena también afecta de forma directa a más de una decena de periódicos regionales, -que son las voces de las comunidades desventajadas en Puerto Rico- a quiénes el conglomerado GFR Media deja en la estocada al detener su imprenta. Esto se da mientras en la isla parece haber una crisis de imprentas por los altos costos del papel y la maquinaria. Varios de estos regionales han considerado cerrar y otros hasta han explorado la posibilidad de imprimir fuera del país.
Con la eliminación de las versiones impresas de estos dos diarios de mayor circulación en Puerto Rico queda un solo periódico de circulación general en papel: El Vocero. La pasada semana, un legislador presentó un proyecto para evitar un monopolio en la publicación impresa de edictos judiciales y avisos gubernamentales.
Pero, a quien más afecta la desaparición del papel es a la población de adultos mayores en una isla con una creciente población envejecida. Cerca de un 30 a un 32% de la población en Puerto Rico está constituida por adultos mayores de 60 o 65 años. Los datos posicionan a Puerto Rico entre los países y territorios con mayor porcentaje de envejecimiento poblacional a nivel mundial y en la región del Caribe.
Además, el tener un teléfono celular tampoco necesariamente significa que la población en general pueda contar con acceso completo a servicios de internet, completos o que sabe manejar un ePaper (versión electrónica del periódico), pagar una suscripción o leer cómodamente una investigación desde una mini pantalla. De hecho, la brecha digital en Puerto Rico ronda alrededor de un 30%. Datos de la Encuesta sobre Comunidad del Censo Federal establecen que alrededor de un 30% de la población no cuenta coninternet fijo en sus hogares, que una de cada cuatro personas no tiene una computadora y que el acceso a tecnología móvil está en un 95.8%.
Más allá de una movida corporativa y administrativa, es importante estudiar el impacto sobre la lectoría de estos cambios, que se han dado y siguen dando en otras partes del mundo, adoptando sistemas de transición.
Aunque es cierto que el video y el contenido de corta duración está siendo preferido por las nuevas generaciones y por quienes consumen sus noticias en las redes sociales, la Asppro invita a reflexionar y dialogar sobre cómo fortalecer la industria para que no se excluya a nadie en Puerto Rico de la información relevante y noticiosa para garantizar calidad de vida a las familias y comunidades.
Asimismo, hacemos un llamado a los dueños de medios a no dejar de invertir en la profundidad periodística para el disfrute de los derechos democráticos. Desde la Asppro y la Felap nos mantendremos vigilantes a los efectos que traerán estos cambios en el periodismo, en el consumo de noticias y sobre la reducción de las redacciones periodísticas. Debemos reflexionar sobre el tipo de periodismo que necesitará Puerto Rico en las próximas décadas.
Apostamos a un periodismo independiente, sostenible económicamente y capaz de preservar nuestra memoria como pueblo. Un periódico es mucho más que contenido impreso o audiovisual, es vida, es historia, es educación, es cultura, es memoria colectiva, es humanidad.